Dresde es la capital del Estado de Sajonia, al sur de Berlín y una de las ciudades más monumentales de Alemania. Nosotros la visitamos en nuestro viaje a República Checa, porque Dresde se encuentra a menos de dos horas de Praga. Si tienes poco tiempo para visitarla, te propongo un paseo de un día por los lugares más increíbles de la ciudad.
Probablemente llegues a Dresde en tren o autobus. Ambas estaciones están al lado la una de la otra y muy cerca del centro. Nada más salir de la estación, te vas a encontrar con Prager straße, una concurrida calle comercial rodeada de edificios modernos que une la estación con el centro. En un paseo de 15 minutos llegarás a Altmarkt, una gran plaza que supone la puerta de entrada a los principales puntos de interés del centro. Junto a ella, la Iglesia de la Santa Cruz, un templo luterano que hoy sirve como sala de conciertos.

Pero el despligue de monumental barroco de la ciudad viene cruzando la calle. Mi recomendación es que empieces el recorrido por Neumarkt y vayas de Este a Oeste de la zona monumental. Al entrar en esta plaza, lo primero que te encontrarás es el Monumento a Martín Lutero frente a la impresionante Frauenkirche. Esta increíble iglesia, al igual que todo el centro histórico de Dresde, fue totalmente destruida durante los bombardeos aliados de la II Guerra Mundial. Si ves la iglesia desde el exterior observa las piedras más oscuras, son las originales. Todo lo demás es el resultado de una increíble reconstrucción que terminó en los primeros años 2000. Si te digo que toda la impresionante monumentalidad barroca del centro de Dresde es el resultado de una ejemplar recostrucción, quizás te decepcione. Pero, de verdad, estando allí no tienes la sensación de encontrarte en un falso histórico de cartón piedra, si no en una inteligente restauración del esplendor pasado de esta impresionante ciudad. Te recomiendo entrar en la iglesia, es gratis, y su estructura circular con palcos superiores es algo muy original.



Tras la iglesia está la Academia de Bellas Artes, que ha sido la escuela de numerosos artistas alemanes relevantes. El exterior del edificio es impresionante, tanto en la fachada que da a la Neumarkt como la que da al rio Elba. Destaca la gran cúpula de cristal que sobresale del edificio. El interior suele acoger exposiciones temporales en la sala de arte de Lipsiusbau. Justo a continuación de la Academia está el Albertinum, un museo de arte contemporáneo que expone a artistas que van desde el periodo romántico a la actualidad.



En el parquecito que hay entre la Academia y el Albertinum hay una escalinata que te lleva a la Terraza de Brühl, el llamado «Balcón de Europa». Es un paseo ajardinado que por un lado se asoma al rio Elba y por otro lado lo cierra la impresionante arquitectura barroca de la ciudad de Dresde. Da un paseo sin prisas. Son impresionantes las vistas al otro lado del rio con los monumentales edificios de la sede del gobierno del Estado de Sajonia. Junto a la terrraza se levantan las fachadas principales del Albertinum, la Academia y el Tribunal de Justicia. En los sótanos de la terraza está Festung Xperience, un museo a base de proyecciones con la historia de la ciudad. La entrada cuesta 12 euros y parece interesante si viajas con niños.




El paseo por la terraza termina en una impresionante escalinata desde la que se ve la Plaza del Castillo, enmarcada por el arco de acceso a la antigua residencia de los soberanos de Sajonia y la Catedral de la Santa Trinidad. La entrada al templo es gratuita. A la izquierda de la plaza verás el archiconocido mural del «Desfile de los Príncipes de Dresde«, un inmenso panel de porcelana que resume siglos de Historia de la ciudad representando a todos los gobernantes de la misma desde los soberanos medievales a los políticos del siglo XIX. Se considera, con más de 24.000 azulejos, el mural cerámico más grande del mundo y es prácticamente original porque sobrevivió a los bombardeos de la II Guerra Mundial.





El recorrido continúa pasando por debajo del arco de la Puerta de Jorge, a mitad del tunel a la izquierda están los antiguos y monumentales establos, vale la pena asomarse para ver las arcadas del patio. Atravesando totalmente el túnel a la derecha está el acceso al castillo. Asómate al patio para ver la monumental cúpula de cristal que lo cubre. Nosotros no tuvimos tiempo de visitarlo, pero hay distintas entradas para visitar el gabinete de grabados en cobre, el gabinete de monedas o la exposición de armaduras. La joya de la corona es la Bóveda verde, que alberga los tesosos de Augusto el Fuerte: pinturas, esculturas, joyas… Toda la información en la web oficial.






Justo detrás del castillo está la impresionante Plaza del Teatro, presidida por la Ópera Semper y a la izquierda el que fue nuestro edificio favorito de Dresde, el Zwinger. Se trata de un espectacular conjunto barroco de pabellones y jardínes en el que vale la pena subir las escalinatas para disfrutar las vistas desde las terrazas superiores, pasear por los jardínes y terminar accediendo al maravilloso Museo.






La entrada cuesta 16 euros (ojo, solo admiten efectivo) y da acceso a la Galería de los Maestros Antiguos, el Museo de la cerámica y el Museo de Matemáticas. A nosotros solo nos dio tiempo al primero porque estuvimos casi 2 horas fascinados con las inmensas colecciones todas con artistas de primera calidad de la pintura veneciana, Rafael, Caravaggio, Rubens, Rembrandt, Velázquez, Zurbarán y una interminable lista de pintores flamencos, italianos y alemanes por los que cualquier director de museo de Europa estaría dispuesto a matar con tal de tener una sola obra suya. Además, en la planta baja, hay una buena colección de arte egipcio, etrusco, griego y romano. De verdad que todavía estamos alucinando de lo que encierran esas cuatro paredes. La pieza fetiche del museo es la Madonna Sixtina de Rafael con los icónicos angelotes apoyados sobre la balaustrada que, llamadme cateto, yo estaba convencido de que estaba en Roma y ¡no! estaba allí mismo.



Para alargar la visita a la ciudad hay interesantes puntos de interés al otro lado del río, en la llamda Ciudad Nueva. La mítica lechería Pfund Brothers conocida como «la lechería más bonita del mundo» y la zona hipster de la ciudad, el Callejón del Arte, con una sucesión de patios con arte urbano y pinturas murales. Si vienes en tren a la ciudad hay gente que prefiere bajarse en esta estación de la parte nueva para visitar esta zona primero antes de ir al centro histórico.
Para comer, los dos restaurantes más tipicos de la ciudad son Pulvertum y Sophienkeller im Taschenbergpalais. Nosotros tomamos un café y el dulce típico de Dresde, la Eierschecke, una especie de tarta de queso en esta cafetería.
En definitiva, Dresde es una increíble ciudad en la que pasar uno o dos días y un excelente complemento a una visita a otras ciudades de Alemania o, como fue nuestro caso, de República Checa. Para viajar de Praga a Dresde hay tren o autobus. Puedes consultar las webs de Regiojet y de Flixbus.