Tenía desde hace tiempo a Zamora en mi lista de ciudades por conocer y en viaje hacia el Norte decidimos hacer una parada de 24 horas en esta capital castellana y leonesa que tiene mucho que ofrecer.
Zamora es un destino que conserva un encanto especial lejos de la masificación turística. Precisamente por eso el alojamiento es todavía barato y recorrer su cuidadísimo casco histórico es una delicia. Las estrechas calles del centro, parcialmente peatonalizado, invitan a dejar el coche al otro lado del río y recorrerlo a pie. Nosotros entramos al centro por el impresionante Puente de Piedra, desde el que se ve todo el skyline de la ciudad que se asoma al Duero. En esta orilla del río hay algunos monumentos interesantes como los conventos de Santa María la Real de las Dueñas, que sigue albergando a monjas de clausura (que venden dulces en el torno), y el antiguo monasterio franciscano, hoy convertido en el centro cultural de la Fundación Rey Afonso Henriques. También a este lado del Duero está la playa de los Pelambres, un buen sitio para un chapuzón veraniego.



Nada más cruzar el puente y continuando 50 metros por la calle del mismo nombre, te encontrarás con el espectacular Museo de Zamora. Solo por ver la magnífica intervención arquitectónica de Emilio Tuñón en el antiguo palacio del Cordón, vale la pena. La colección con piezas arqueológicas, arte medieval y una pequeña pinacoteca es modesta pero está presentada a través de una museografía muy atractiva.




La zona de la Catedral y el antiguo castillo son los puntos de visita obligada que todas las guías y vídeos nos decían que teníamos que ver. Había estudiado un millón de veces el cimborrio de la Catedral de Zamora y tenía muchas expectativas de conocer el interior del templo. La verdad es que la visita me decepcionó un montón porque a pesar de tener una colección artística muy buena todo está presentado con una museografía obsoleta, una iluminación pobre y muy poco cuidado. Os diría que no os molestéis en pagar los 6 euros de entrada para ver el interior.




Visitar el vecino castillo es gratuito y las vistas desde él y conocer la rehabilitación valen la pena. Las mejores vistas del Duero desde el Mirador del Troncoso.





Desde allí mi recomendación es que busquéis la rúa de los Francos que atraviesa el casco histórico de extremo a extremo para ir encontrando numerosos comercios tradicionales e iglesias románicas. Puedes pagar una entrada individual de 1 ó 2 euros o pagar un ticket de 6 euros (la milla románica) que te da acceso a todos ellos. Es increíble el estado de conservación de todos ellos y merece la pena conocerlas aunque solo sea por fuera.



Al final de la Rúa de los Francos está la monumental Plaza de Viriato que alberga las sedes de la Diputación en la que se puede visitar gratuitamente la antigua iglesia convertida en sala de exposiciones. En frente, el Parador de Turismo, el antiguo palacio de los condes de Alba, ahora cerrado por obras. Justo al lado, el Teatro Ramos Carrión. Asómate a la iglesia de San Cripiano y su mirador. Por detrás de la Diputación están los Museos de la Semana Santa y el Museo Etnográfico de Castilla y León, que no nos dio tiempo a visitar.




Y de plaza en plaza, a continuación de la de Viriato está la Plaza Mayor, un lugar agradable para parar a tomar algo en una de sus terrazas. Rodean la plaza el antiguo y el nuevo ayuntamiento y la iglesia de San Juan de Puerta Nueva. Desde la Plaza Mayor, una de las imágenes más icónicas de la ciudad, la empinada Calle de Balborraz con sus casitas tradicionales.



Y si continúas por la calle peatonal vas a encontrar la zona más comercial de la ciudad salpicada de edificios históricos como el Palacio de los Momos o la iglesia de Santiago del Burgo. La calle peatonal termina en el inmenso Parque de la Marina que da inicio a la ciudad moderna.
¿Dónde comer?
La calle Alfonso de Castro reúne un montón de locales en los que se puede hacer toda una ruta de pinchos. Desde las distintas recetas de tortillas de La Maja Tortillería a los pinchitos de La Casa de los Pinchitos o del Lobo o los callos de… La Casa de los Callos. Comida sencilla, naming sencillo… Si eres más gourmet sal un poco del centro y acércate a Attiko Gastrobar.