De Grandes Arquitectos: Constantino el Grande y sus no menos Grandes sucesores…

Constantino el Grande fue un señor, emperador romano para más señas, que viendo cercana su muerte se convirtió al cristianismo y con él, consecuentemente, lo haría todo su Imperio. Él también fue un arquitecto, aunque más que un arquitecto de interiores fue un gran creador de escenografías. Se decidió a transformar a una Roma que había sido durante siglos la capital de un Imperio Pagano, en una Roma llena de Basílicas: San Juan de Letrán, San Pedro del Vaticano, San Pablo, empezaron a gestarse en esta época de las llamadas Basílicas Constantinianas. De manera paralela, este gran arquitecto de ciudades, se fue al otro extremo del mundo, a una pequeña aldea llamada Bizancio enclavada en el lugar más maravilloso sobre la Tierra. Donde Oriente y Occidente se dan la mano, donde Asia y Europa rozan sus labios, fundó una ciudad con su nombre: Constantinopola.Y desde entonces, nada volvió a ser lo mismo para el mundo…
Como buen arquitecto, Constantino se dedicó a transformar el mundo y su empeño fue conseguir que una vez acabada su obra nadie se acordara de lo que había antes de él. Fue por eso que a Constantino en su lecho de muerte le dió por convertirse en arquitecto de interiores, mirar hacia su propia alma y descubrir que quería ser cristiano. Pues bien, se supone que, en ese lecho mortuorio, escribió o mandó escribir, un testamento en el que hacía del Obispo de Roma su sucesor en los derechos de los emperadores romanos. Este testamento, que siglos depués ha sido declarado falso, probablemente se escribió unos 500 años después de la muerte de Constantino para justificar dos hechos: que el Obispo de Roma era la cabeza de la Iglesia y se situaba por encima del resto de los obispos y que, por otro lado, el Vicario romano tenía derecho a elegir quiénes serían el emperador y los reyes, puesto que ese derecho le vino dado por el mismísimo Constantino. De esta manera la Iglesia comenzaba a construir su gran obra arquitectónica…

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