La Construcción de una Nación.

“Yo soy el hijo del Sol. Yo soy la estrella de la mañana. Yo soy el señor del Nilo. Rey del alto y bajo Egipto. Yo soy Faraón…”
De esta manera se presentan ante nosotros los constructores de una de las arquitecturas más impresionantes del mundo. Las personas que, revestidas del poder de dioses,  fueron capaces de levantar las pirámides, esclavizando para ello a cientos de miles de sus semejantes. Y es que las grandes obras de la arquitectura asientan sus cimientos sobre la injusticia. Las veces que en mi vida he visitado san Pedro del Vaticano siempre me han embriagado el mismo sentimiento contradictorio: admiración y repulsión. Admiración ante uno de los edificios más impresionantes de la Historia del Arte, pero a la vez repulsión por cómo se financió esa magnífica obra: a base de falsas promesas sobre la salvación de las almas, aprovechándose de la esperanza y el miedo de las pobres gentes. Lo mismo ocurre con las pirámides, cuyos sillares reposan sobre la esclavitud, la desigualdad, el abuso de poder y la miseria. El ser humano es capaz de hacer a la vez las cosas más maravillosas y las más detestables. Por eso, somos mitad divinos y mitad humanos. Individuos que tiene todo el poder para crear belleza, pero que se empeñan en la fealdad, la guerra y la crueldad.

Pero todo esto es cosa del pasado. Ha nacido un Hombre Nuevo.
Todavía hay tiranos que se reafirman en el viejo discurso. Todavía hay dictadores que se creen “Señores del Nilo, hijos del Sol”. El discurso de hace un par de días, en el que Mubarak tomaba prestadas las palabras de Luis XIV, “Yo soy el Estado”, nos llevan a esa cruda realidad. Pero el pueblo, el  pueblo soberano, esta ahí para recordarle una verdad elemental: tú no eres Egipto. Nosotros somos Egipto.

Me sorprende la actitud de algunas personas que ven con cierta superioridad todo lo que está ocurriendo estos días en África. Lo hacen desde la convicción de que Túnez, Egipto o incluso Marruecos son pueblos atrasados y que se han dejado avasallar por dictadores de medio pelo. Es realmente irónico que nos sintamos superiores a una Cultura que ha creado ciudades como Cartago, Alejandría o Heliópolis. Pero la ignorancia es osada…
Señoras y señores, lo que hoy está haciendo el pueblo de Egipto nos deja en una embarazosa situación. Nosotros, los españoles, adalides de la libertad y la democracia, vivíamos hace poco más de 30 años en una dictadura que era incluso peor que las que gobiernan hoy en los territorios norteafricanos. Y nosotros, los mismos que hoy nos permitimos el lujo de mirar a los pueblos “subdesarrollados” desde la superioridad, no tuvimos los “bemoles” de plantarle cara a ese régimen. ¿No nos avergonzamos? Se tuvo que morir. Le dejamos que expirara tranquilamente en su cama con 83 años… ¿Todavía tenemos el valor de mirar con superioridad a un pueblo que ha tenido la valentía de expresar su voluntad, mientras nosotros fuimos unos cobardes?
Y es que, si algo caracteriza a los egipcios, es ese amor infinito por su patrimonio. Una Cultura que los hace una civilización única en el mundo. Los egipcios son unos grandes arquitectos y serán capaces de construir una nueva pirámide, esta vez invertida, en la que el pueblo soberano sea la cúspide. Una arquitectura que servirá de ejemplo para las naciones, que provocará la admiración de las civilizaciones.

Si, serán capaces de ello. Al fin y al cabo ellos son los hijos del Sol y serán la estrella DEL mañana, los señores del Nilo, reyes del alto y bajo Egipto. Ellos son Faraón.

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