Escapar del trampantojo

Una mentira nunca se convierte en verdad a fuerza de repetirla muchas veces. ¿O si?
Existe en la Historia del Arte una técnica llamada trampantojo (trampa ante el ojo) que consiste en engañar a la vista jugando con las perspectivas y con los juegos ópticos. Esta, como otras tantas cosas, también fue inventada por los griegos. Cuenta la leyenda que, en la Grecia antigua, existían dos pintores reconocidísimos: Zeuxis y Parrasios. Se organizó un concurso para descubrir cual de los dos era mejor como artista. Zeuxis presentó una pintura en la que se representaba a un niño con unas uvas. El realismo era tal, que unos pájaros se acercaron a picotear los frutos. Zeuxis, que se creía ya vencedor, le dijo a su oponente que retirara la tela que cubría su pintura. Parrasios le pidió que lo hiciera él mismo, descubriendo éste al acercarse que la tela no era real, sino que estaba pintada. El vencido no pudo sino reconocer su derrota diciendo: “Yo he engañado a unos pájaros, pero Parrasios me ha engañado a mi.”

El artista heleno había creado una fantasía, un espejismo, una ficción. Y es que la ilusión es todo eso a la vez. Es verdad que ilusión es sinónimo de esperanza y de anhelo. Cuando queremos que algo ocurra nos ilusionamos, ponemos nuestras expectativas en ello. ¿Pero son reales nuestras ilusiones? ¿Estamos engañándonos a nosotros mismos? ¿Confundimos realidad y deseo? Quizás estamos creando un trampantojo detrás del que escondemos todas nuestras inseguridades, nuestras frustaciones y miedos. Zeuxis engañó a unos pájaros, Parrasios confundió a otro hombre, pero nosotros, sin duda, ganamos el concurso. Hemos superado todo lo imaginable: nos hemos engañado a nosotros mismos.
Se habla de la ilusión de los niños en el día de Reyes y no de su felicidad. Está muy bien escogido el término: ilusión. Porque ese sentimiento de euforia no está fundamentado en la realidad sino que se alza sobre una mentira. Nuestras expectativas de la infancia se construyen sobre imposibles.
¿Es nuestro mundo actual el que soñamos de niños? Nadie nos avisó de lo dificil que sería conseguir un trabajo y de las duras pruebas que tendríamos que soportar una vez lo conseguimos. Cuando eramos pequeños solo nos preguntaban “¿qué quieres ser de mayor?” y estoy seguro de que nadie respondió “Mileurista, chico para todo ninguneado o pringado que curra los fines de semana”. Cuándo en las esfervescencias adolescentes imaginabas tu futuro en pareja, nadie pensaba en los frustrantes rolletes de una noche, ni en las peleas interminables, ni en la soledad más absoluta. Todos creíamos firmemente en la ilusión de un amor verdadero y para siempre.
Llegados a este punto ya no sabemos si creer en la ilusión del paisaje de nuestra vida que hemos pintado. Ante este mar de dudas solo caben dos soluciones. Por un lado, podemos actuar como si no fueramos conscientes de esta farsa y continuar con la representación. ¿La alternativa? La alternativa es huir del trampantojo, romper el cristal protector de nuestro cuadro y afrontar que la realidad está fuera del lienzo.
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2 comentarios en “Escapar del trampantojo

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