Un trozo de Grecia en Sevilla

Si eres un amante del arte clásico tendrás muy claro que para conocer las obras maestras de la escultura griega un viaje a Atenas no es tu única opción. Londres, Paris o Copenhague acogen en sus museos las que probablemente sean las piezas clave de esta civilización. Desde el 21 de marzo al 17 de junio de 2018 Sevilla se une a este selecto club con la exposición “Agón” en  Caixaforum.

 

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Un matrimonio de desconocidos

Llevan siglos engañándonos. Desde hace cientos de años nos vienen con el rollo de las almas gemelas. El primero en vendernos la moto fue Platón, con su teoría de que somos seres incompletos, divididos en dos mitades condenadas a encontrarse (o no) por azar. Del resto del trabajo se encargó Hollywood y la sensiblería de las películas románticas. ¿Existe tu media naranja?
 

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El matrimonio que nunca fue

Cosas del Destino

Moiras o Parcas, diosas del Destino
¿Qué me decís? ¿ Creéis en el destino? A veces uno se da cuenta de que para llegar a un determinado punto han tenido que ocurrir muchas cosas. Todo parece un plan trazado al mínimo detalle por algo ajeno a nosotros mismos. Nuestros antepasados griegos y romanos atribuían esa función a tres diosas, las llamadas Moiras o Parcas, verdaderas arquitectas de la vida.

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Escapar del trampantojo

Una mentira nunca se convierte en verdad a fuerza de repetirla muchas veces. ¿O si?
Existe en la Historia del Arte una técnica llamada trampantojo (trampa ante el ojo) que consiste en engañar a la vista jugando con las perspectivas y con los juegos ópticos. Esta, como otras tantas cosas, también fue inventada por los griegos. Cuenta la leyenda que, en la Grecia antigua, existían dos pintores reconocidísimos: Zeuxis y Parrasios. Se organizó un concurso para descubrir cual de los dos era mejor como artista. Zeuxis presentó una pintura en la que se representaba a un niño con unas uvas. El realismo era tal, que unos pájaros se acercaron a picotear los frutos. Zeuxis, que se creía ya vencedor, le dijo a su oponente que retirara la tela que cubría su pintura. Parrasios le pidió que lo hiciera él mismo, descubriendo éste al acercarse que la tela no era real, sino que estaba pintada. El vencido no pudo sino reconocer su derrota diciendo: “Yo he engañado a unos pájaros, pero Parrasios me ha engañado a mi.”

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