Este verano, por fin, hemos podido hacer un viaje con el que llevábamos mucho tiempo con ganas. Las islas Azores, un archipiélago en mitad del Atlántico que pertenece a Portugal, no nos han defraudado. Una de las cosas que más nos ha llamado la atención ha sido que, a pesar de visitarlas en pleno mes de agosto, en ningún momento hemos notado saturación o masificación. Esto tiene mucho que ver con la política turística del gobierno local, que limita la llegada de vuelos a las islas y las mantiene como un paraíso todavía muy desconocido al que no han llegado las masas.
¿Cómo llegar? ¿Cómo moverse entre islas? ¿Y dentro de ellas?
Nosotros viajamos desde el aeropuerto de Lisboa, que nos pilla relativamente cerca. Pero también existen vuelos directos desde Oporto, Barcelona, París y otras capitales europeas. En nuestro caso volamos al aeropuerto de Ponta Delgada, en la Isla de San Miguel. Nos planteamos combinarlo con otra isla (muchas personas con las que coincidimos dedicaron también un par de días a Flores) pero finalmente lo descartamos porque queríamos hacer un viaje tranquilo y exprimir al máximo San Miguel. Estuvimos 8 días y no nos sobró tiempo. San Miguel es la isla más grande del archipiélago y tiene un millón de cosas que hacer. Desde el aeropuerto de Ponta Delgada hay vuelos diarios a otras islas. El viaje en ferry es excesivamente largo y te haría perder demasiado el tiempo. Para movernos por San Miguel alquilamos un coche con Ilha Verde, servicio muy completo y buen precio.
Rutas en Isla de Sao Miguel
Las distancias dentro de la isla son cortas. De Norte a Sur no hay más de 16 kilómetros y de Este a Oeste 65 kilómetros. Hay una autovía que cruza la isla de Este a Oeste y las carreteras secundarias tienen buen firme. En nuestra estancia nunca hicimos un viaje de más de 60 minutos. Pero hay tantas cosas que ver que te recomiendo que te planifiques por zonas para evitar desplazamientos innecesarios. Te cuento lo que hicimos nosotros día a día:
Ponta Delgada, una capital portuguesa en medio del Atlántico
Ponta Delgada fue nuestro campamento base. Es la ciudad más grande no solo de la isla sino de todo el archipiélago. Nos alojamos en Santa Clara Apartaments y fue todo un acierto. Estaba en un barrio tranquilo a literalmente 5 minutos en coche del aeropuerto (aunque sin ruidos molestos por la noche), 15 minutos caminando del centro y con muchas zonas de aparcamiento gratuito alrededor.
Le dedicamos a la ciudad el día de llegada a la isla y algunas tardes a la vuelta de hacer ruta. El casco histórico es pequeño pero muy similar al de cualquier ciudad portuguesa. Los principales puntos de interés se concentran en torno las Portas da Cidade, un arco monumental que históricamente daba acceso a la ciudad desde el puerto. A dos pasos están la iglesia matriz de San Sebastián, la principal de la isla, y la Cámara Municipal (el Ayuntamiento). Desde ahí se abren una serie de callejuelas peatonales que desembocan por un lado a la Marina de Ponta Delgada (el puerto deportivo) con una moderna galería de restaurantes y locales comerciales y por el otro al Forte de Sao Bras, un antiguo fuerte militar sobre el mar.
Tuvimos la suerte de que nuestra visita a las Azores coincidiera con el PDL White Ocean el evento más importante de la isla que se celebra el primer sábado del mes de agosto. Toda la población se viste de blanco y las calles se decoran con motivos marinos. Se montan numerosos escenarios por las calles y plazas en los que se suceden conciertos toda la noche. Fue una experiencia realmente interesante.




Fuera del centro de Ponta Delgada aprovechamos algunas tardes nuestra vuelta en coche desde otros puntos de la isla para acercarnos a sitios muy interesantes. Plantação de Ananás dos Açores fue uno de ellos. Es una plantación de piña perteneciente a la «denominación de origen» de la isla que vale la pena mucho visitar. La entrada es gratuita y puedes ver los invernaderos históricos con las piñas, un pequeño museo donde te explican todo el proceso y además te ofrecen una degustación de mermelada y licor. Todo ello absolutamente gratuito. Nos sorprendió mucho el lugar. Las playas de San Roque y Milicias, en barrios a las afueras de Ponta Delgada también son dos lugares que puedes incluir en tu ruta.


En cuanto a nuestra experiencia gastronómica en Ponta Delgada la verdad es que no fue muy positiva. La oferta de locales auténticos es limitada y al albergar la ciudad la mayor parte de los alojamientos de la isla los visitantes que durante el día se reparten por distintos puntos de San Miguel, durante la noche se concentran en la capital siendo en agosto imposible conseguir mesas en los restaurantes más recomendados que, además, no admiten reserva. Intentamos un par de días ir a A Tasca y no pudo ser. Al final acabamos cenando en el apartamento la mayor parte de las noches. Imaginamos que fuera de temporada será más fácil conseguir sitio en los restaurantes de Ponta Delgada. Nuestra experiencia con los almuerzos en el resto de la isla no tuvo nada que ver y fue más que positiva. Si quieres tomar una copa con vistas al mar en Ponta Delgada te recomendamos Cais da Sardinha.


Sete Cidades, el plato fuerte de la isla
Nuestro primer día completo en la isla lo decidimos comenzar en uno de los lugares imprescindibles de Sao Miguel: la icónica imagen de los lagos de Sete Cidades y toda la explosión de naturaleza que encontrarás en los múltiples puntos de interés que hay alrededor. Tomamos nuestro coche y en menos de 20 minutos estábamos en nuestro primer destino, el Acueducto do Carvao, donde dejamos el coche y cruzamos la carretera. A tan solo 10 minutos caminando te encontrarás la impresionante Lagoa das Empadadas y a continuación la Lagoa de Eguas. Desde este punto comienza una ruta de senderismo que te lleva a Pico do Paul y de allí a Lagoa do Canario, pero nosotros no la hicimos. En nuestro caso tomamos el coche de nuevo para dirigirnos primero al acueducto das Nove Janelas y de allí al parking de Lago de Canario. Desde el parking encuentras un camino cerrado al tráfico que te dirige primero a la laguna y luego al Miradouro da Grota do Inferno y aquí es donde entró en escena uno de los enemigos de nuestro viaje: la niebla. Este y otros miradores están a gran altitud y en muchas ocasiones la niebla te estropeará las vistas. Nos habían hablado de las web cam en directo que te dan pistas de si vas a encontrar o no niebla. Nuestra experiencia en Gruta del Infierno, sin embargo, fue que la paciencia es la madre de la ciencia… Aunque llegamos al mirador con una niebla cerrada solo tuvimos que esperar unos minutos para que las nubes se despejaran y nos dejaran ver algunas de las lagunas, como la de Santiago, desde arriba.






De regreso al parking de Lago de Canario tomamos el coche de nuevo y condujimos muy pocos kilómetros para encontrarnos la vista más emblemática de la isla: el Mirador de Vista do Rei, que ofrece las visión más increíble sobre Sete Cidades y sus dos lagos (azul y verde). Este es uno de los puntos en los que probablemente encontrarás muchos coches y verás que el primer parking (en cuesta e incómodo) está hasta arriba, así que te recomiendo aparcar mejor en este otro parking. Junto a él te encontrarás las míticas ruinas del Monte Palace Hotel, un lujoso complejo hotelero que cerró sus puertas en los primeros 2000 y que la naturaleza se ha comido por dentro. Con precaución se puede entrar y ver el impresionante patio central y subir a las habitaciones y a la azotea para admirar las vistas.
Llegó la hora del almuerzo y decidimos hacer una parada en Sete Cidades. Intentamos comer en Lagoa Azul pero estaba lleno y al final lo hicimos en Sao Nicolau, un sitio popular con buffet libre en el que comimos maravillosamente. Para reposar la comilona nos dirigimos a la Praia Dos Mosteiros, a tan solo 10 kilómetros, aunque pequeña es supertranquila y con unas visitas impresionantes. Retomadas las fuerzas dimos un paseo superagradable por el pueblito y la costa hasta las Piscinas naturales de Caneiros para darnos el último chapuzón antes de acabar el día.


Furnas, un universo dentro de Sao Miguel
Furnas es uno de los lugares más completos dentro de la isla. Nosotros le dedicamos un día completo y luego regresamos para alguna cosa que teníamos pendiente otro día. Está a tan solo 40 minutos de la capital y muy cerca de otros puntos de interés.
Nuestro día comenzó en el Mirador de Pico de Ferro un punto en alto desde el que poder ver todo lo que íbamos a visitar después. De ahí bajamos al valle de Furnas y comenzamos la jornada en el Jardín botánico de Terra Nostra. Es importante tener en cuenta su horario. Abre de 10 a 16 horas por eso te recomiendo visitarlo a primera hora de la mañana. La entrada vale 10 euros. Se trata de un impresionante jardín botánico por el que pasear pero su principal atractivo es poder bañarte en la enorme piscina termal que hay en el centro del mismo. El agua está a más de 30 grados. Te recomiendo llevar un bañador al que no le tengas mucho cariño porque las aguas ferruginosas dejan manchas en el textil. Después de pasar unas tres horas en este sitio nos fuimos a comer. Lo hicimos en el restaurante Aguas Quentes que, no es que sea el más glamouroso de Furnas, pero probablemente si uno de los más auténticos. Se veía que era un sitio más para locales que para turistas y comimos el típico cocido de Furnas que se hace a fuego lento durante toda la noche en las fumarolas volcánicas que hay junto al lago. La comida fue baratísima porque el propietario nos advirtió que la ración de cocido era enorme y nos recomendó compartir. Estos son los detalles que se agradecen.





Tras el almuerzo fuimos a las Fumarolas aunque si tienes oportunidad te recomiendo que vayas más cerca de mediodía para vivir el momento en el que los restaurantes sacan las ollas de los «cráteres». Para acceder al recinto hay que pagar 3 euros por coche. Nosotros dimos un paseo por las fumarolas y disfrutamos de las impresionantes vistas de ese lado de la laguna de Furnas antes de descubrir una de las sorpresas más agradables de nuestro viaje: el Parque de Grená. Se trata de un jardín botánico recuperado a finales de 2019 por lo que todavía existe poca información sobre él en guías y blogs. La entrada vale 10 euros. En su interior tiene un recorrido preparado para visitar un par de cascadas donde puedes bañarte e incluso un jacuzzi al aire libre donde relajarte. A lo largo del recorrido hay varias fotos que te muestran el antes y el después de la recuperación ambiental de este espacio que durante años de abandono se convirtió prácticamente en un basurero.



Ya muy relajaditos después del baño en el jacuzzi decidimos explorar el otro lado de la laguna. Cuando llegamos a este parking esperábamos pagar igual que en lado de las fumarolas, pero como eran casi las 18 horas nos encontramos con acceso gratuito. Dimos un paseo por ese lado del lago y admiramos la arquitectura neogótica de la Capilla de Nuestra Señora de las Victorias y de las casas que se asoman al lago desde fuera. Junto a la capilla está el acceso a otro jardín botánico, José do Canto, que no tuvimos tiempo de visitar.



Estábamos cansados y regresamos a Ponta Delgada pero nuestro plan inicial era darnos un baño al atardecer en Poça da Dona Beija unas piscinas termales que abren hasta las 23 horas. Lo hicimos otro día porque esta es una de las experiencias que no te puedes perder. Se trata de un espacio en el centro de Furnas que aprovecha el agua caliente del río para llenar cinco piscinas termales a 39º con distintos tamaños y diseños. En este punto, como en otros de la isla, es una pasada descubrir cómo la arquitectura contemporánea se integra en el paisaje. Si ves cola al llegar no te asustes. No se puede reservar previamente, así que te harán esperar un poco hasta que salgan otros visitantes pero no esperarás más de media hora. La entrada vale 8 euros y te permiten estar un máximo de 90 minutos. Misma recomendación en cuanto a los bañadores, ¡lleva uno viejo! Y no te sorprendas si en los siguientes días por mucho que te duches tus poros siguen expulsando hierro.
Ribeira Grande, una apuesta por la cultura y la creación
Después de 3 días de naturaleza nos decidimos por una ruta más urbana y fuimos a Ribeira Grande, la segunda ciudad de la isla, que se encuentra a unos 20 minutos en coche de Ponta Delgada. Aparcamos en el Centro de Arte Contemporáneo Arquipélago y desde allí fuimos andando a todas partes. Este museo nos enamoró. Se trata de una antigua fábrica de licores y tabaco transformada en el centro cultural más importante de la isla. Además de una arquitectura impresionante el complejo cuenta con una librería especializada, un centro para residencias artísticas, una caja negra para representaciones escénicas y, en el momento en el que nosotros lo visitamos, tres exposiciones de arte contemporáneo. La entrada cuesta 3 euros y es, sin duda, uno de esos lugares que disfrutarás si eres un friki de la Cultura como nosotros.








Salimos por la puerta trasera de Arquipélago para asomarnos a la Plaza do Emigrante, un interesante espacio con vistas al mar dedicado a los miles de azorianos que han tenido que abandonar las islas para buscar un futuro mejor. De allí, dando un paseo, nos acercamos al centro de la localidad, donde los puntos más interesantes son el Puente de los Ocho Arcos y todos los monumentos que hay en torno al Largo do 5 octubro y el Largo da Igreja. Te recomendamos un breve paseo para ver la Cámara Municipal (Ayuntamiento), la Iglesia del Espíritu Santo y la «catedral» de Ribeira Grande, la Igreja Matriz de Nossa Senhora da Estrela, con su impresionante escalinata.




El paseo nos abrió el apetito y fuimos al que, sin duda, fue uno de los grandes descubrimientos gastronómicos de la isla: el restaurante Alabote donde nos dimos todo un homenaje gastronómico con vistas al mar por menos de 25 euros por persona. El restaurante está al lado de Praia do Monte Verde y del complejo de Piscinas Municipales, por si apetece un chapuzón. Nosotros nos acercamos a la Praia de Santa Bárbara, una de las más famosas de la isla por su enorme arenal frecuentado por surferos. ¡Cuidado con las corrientes!



Costa Norte de Sao Miguel
Además de Ribeira Grande hay otros lugares muy interesantes para visitar en esta zona Norte de la isla. Las plantaciones de té son uno de ellos. Tras una plaga en el siglo XIX que destruyó las plantaciones de naranjas, principal recurso de la isla, los azorianos invitaron a población china para que les enseñara a cultivar el té. En este momento solo quedan dos plantaciones en San Miguel, consideradas las únicas existentes en Europa. Están muy cerca la una de la otra y te recomiendo visitar las dos. La Fábrica de Té Gorreana es la que tiene las plantaciones más grandes y fotografiables (al otro lado de la carretera). El edificio principal es otro ejemplo maravilloso de cómo integrar arquitectura contemporánea y tradición. La visita es completamente gratuita y te invitan a una degustación de sus tés. Al final es inevitable picar en su tienda y comprar algún té para llevar. A pocos kilómetros la Fábrica de Té Porto Formoso es más pequeña pero la casa histórica de la plantación es preciosa. La entrada también es gratuita.





Entre las dos fábricas, en la carretera, verás la señal del Mirador de Santa Iria. No dudes en parar porque podrás disfrutar de una de las vistas de acantilados más impresionantes de Sao Miguel. También te recomendamos visitar el coqueto pueblo de pescadores de Porto Formoso, que se ha hecho célebre por acoger el rodaje de Rabo de Peixe, la serie portuguesa más vista en Netflix. En Porto Formoso tuvimos otro de los grandes descubrimientos gastronómicos del viaje: el arroz con lapas de O Amaral es algo que no te puedes perder.
Lagoa do Fogo y Caldeira Velha
El Centro de Interpretação Ambiental da Caldeira Velha es uno de esos lugares que deben estar en tu lista de imprescindibles si visitas Azores. Para nosotros fueron las mejores aguas termales que visitamos. Te recomiendo reservar previamente en su web y así no tener que esperar a que queden plazas libres. Hay un turno cada 90 minutos y la entrada completa (que incluye la opción de baño) cuesta 8 euros. Hay dos piscinas de agua caliente y una espectacular cascada donde también te puedes bañar.


Desde el mismo parking de Caldeira Velha sale cada 30 minutos el autobús que te lleva a Lagoa do Fogo y Pico Da Barrosa. Subir con coche de alquiler no está permitido los meses de verano así que podrás dejar tu coche en este parking y comprar el ticket del autobús, que cuesta 5 euros por persona. El autobús va parando en los miradores, te deja tiempo para hacer fotos y que te vuelvas a montar. Nosotros fuimos el último día y nos pilló un día de niebla y lluvia y no pudimos ver mucho. Este es uno de los puntos en los que nuestras amigas las web cam nos pueden servir de gran ayuda, aunque el conductor del autobús también te advierte si hay niebla o no.
Una ruta de senderismo en Salto do Cabrito
Una de las experiencias más chulas de las Azores fue hacer un par de rutas de senderismo que nos recomendaron. Era el tipo de plan que nos apetecía en este viaje «slow» y que te recomendamos si estás más de 5 días en Sao Miguel. Os aseguro que las rutas que hicimos no requieren un esfuerzo excesivo y aunque están calificadas de dificultad media si vas con zapatillas de deporte y estás acostumbrado a andar no te van a suponer mucho esfuerzo. Ese día comenzamos aparcando en Caldeiras de Ribeira Grande, junto al Restaurante Caldeiras donde aprovechamos para reservar para el almuerzo. La ruta comienza junto al parking, donde puedes ver los huecos para las ollas del cocido que se hace con el vapor de agua. Sigues por una pista de tierra hasta encontrarte con una tubería que te marca un camino entre la vegetación con el que alucinarás. Pasas un puente junto a una antigua central hidroeléctrica y desde ahí comienzas atravesar el cañón entre las rocas para bajar una escalinata que te lleva directamente al chapuzón en el Salto do Cabrito. También se puede llegar directamente con el coche a un parking junto a la cascada, pero hacer la ruta si tienes tiempo es una pasada. La ruta oficial es circular (puedes encontrar el recorrido completo aquí). Nosotros hicimos el círculo completo pero es cierto que el camino que continúa de Salto de Cabrito de vuelta a Caldeiras de Ribeira Grande es menos interesante e incluso pasa demasiado tiempo junto a la carretera. Si lo volviera a hacer probablemente desharía el camino. Nosotros tardamos un poco más de 2 horas y media, baño incluído, y al final tuvimos la recompensa de una buena comilona en Restaurante Caldeiras que a pesar de su aspecto sencillo fue uno de los sitios en los que mejor comimos de la isla y a muy buen precio. Combinamos esta ruta en el mismo día con la visita al Centro de Interpretação Ambiental da Caldeira Velha pero su cercanía a Ribeira Grande, la Costa Norte, Furnas y otros puntos de interés te permiten compaginarlo con el itinerario que más te convenga.




Otra ruta: Poço azul y Salto da Farinha
Esta fue mi ruta favorita de todo el viaje. Debes aparcar el coche en este punto donde encontrarás un cartel que te da información de toda la ruta, que es circular. Si sigues las indicaciones de Poço azul irás directamente a la poza pero te recomendamos ir en el sentido contrario (tal y como indica la ruta completa) siguiendo la calle principal del pueblo hasta que llegas al Café Tavares y comienzas una bajada a la playa, pasas por este merendero desde el que hay unas vistas espectaculares de la costa y aquí empiezas a alucinar: un precioso camino lleno de hortensias, arroyos y pequeños saltos de agua hasta que llegas a la solitaria Cascada do Risco, donde pegarte un chapuzón. Coge fuerzas porque la subida al Poço azul es un poco durilla pero, sin duda, vale la pena probar para sus frías aguas. De ahí otro camino a la Cascada Salto da Farinha que está junto a una de las playas más tranquilas y espectaculares de Sao Miguel. Después tienes que deshacer parte del camino hasta llegar de nuevo al parking. En total son poco más de 3 horas de una ruta muy entretenida y con varios puntos donde refrescarte.



Desde aquí fuimos a otro punto que habíamos visto en todas las guías y blogs: el Parque Natural da Ribeira dos Caldeirões que, para ser sinceros, después de ver tanta naturaleza salvaje en la ruta, nos decepcionó un poco. Se trata de una cascada con varios antiguos molinos que han rehabilitado construyendo un restaurante, merenderos y varios salto de agua artificiales. Nos pareció un poco parque temático y fue uno de los pocos puntos en los que nos coincidió una pequeña aglomeración.


Vila Franca do Campo y una playa secreta en el sur
Vila Franca, a menos de media hora de Ponta Delgada, es la ciudad más antigua de Azores y la capital histórica de Sao Miguel hasta que a mediados del siglo XVI se trasladó a Ponta Delgada. Su larga Historia se ve en la monumentalidad de la arquitectura en torno al Largo do Municipio donde puedes ver: el Ayuntamiento, la iglesia de San Miguel Arcángel y la Igreja do Senhor Bom Jesus da Pedra. A las afueras de la ciudad, en lo alto de una colina, está la Ermita de Nossa Senhora da Paz, una de las imágenes más icónicas de Azores, que encontrarás en todas las guías y blogs. La ermita, situada al final de una monumental escanilata que funciona como via crucis, ofrece unas vistas espectaculares de Vila Franca y de otro de los lugares que son la principal fuente de atracción de turistas a este lugar: el Islote de Vila Franca do Campo. Está a 1 km de la costa y es la parte emergente de un volcán submarino. Es un parque natural y la entrada de visitantes está limitada a 400 personas al día. Te recomiendo reservar con mucha antelación en su web, aunque te arriesgas a que coincida con un día de lluvia y en el islote aparte de bañarte en el cráter central o hacer actividades acuáticas poco hay que hacer… Nosotros intentamos ir temprano por si había disponible alguna de las entradas offline que ponen cada día a la vente pero al llegar nos encontramos con una cola enorme y cambiamos de planes.





Y el cambio de planes fue al final todo un acierto porque descubrimos una playa en la que estuvimos literalmente nosotros solos. Un auténtico paraíso. Puedes dejar el coche en el parking que te marca aquí: Praia da Amora. Encontrarás un merendero y una fuente y a partir de ahí debes seguir el camino de bajada. Te recomendamos llevar zapatillas de deporte porque hay tramos bastante empinados, pero en menos de 10 minutos te encontrarás con una playa de arena para ti solo. ¡Lleva contigo bebida y comida!

¡Quiero saber más!
Hasta aquí nuestra experiencia en Azores pero si quieres seguir preparando tu viaje y leyendo otras experiencias te dejo este completísimo post de Destino Suroreste que a nosotros nos sirvió de gran ayuda. También te recomendamos este de De mayor quiero ser mochilera.
Si visitar las Azores está en tus planes deja de darle vueltas y no te lo pienses más. ¡Hazlo! No te vas a arrepentir.