Sobre el fin de ETA

Han hecho sufrir a mucha gente durante 40 años y ahora lo tienen que pagar“. “No soportaría verlos sentados en el Parlamento, no son verdaderos demócratas“. “Han pasado muchos años y aún hoy sin incapaces de condenar con contundencia“. “Para superar tantos años de dolor debemos mirar hacia el futuro, sin abrir las heridas del pasado“. “Hay que perdonar, pero no podemos olvidar“. “Deben pedir perdón“. “Tienen que ir todos a la cárcel“.

Todas estas frases fueron pronunciadas alguna vez, quizás por muchas bocas diferentes, tal vez por ninguna en concreto. Se referían al final de una dictadura, resultado de una guerra atroz entre hermanos. Apuntaban al franquismo. ¿Pensábais que estaba hablando de otra cosa, verdad? Aludían a 40 años en los que hubo dos bandos diferenciados: vencedores y vencidos. Corría el año 1977 y surgió lo que se ha venido a llamar el “espíritu de la transición”. Había gente incapaz de olvidar todo lo que había ocurrido en cuatro décadas de un régimen totalitario. Existían personas que se aferraban al poder y no soportaban escenificar su propia derrota, el final de un régimen que les había hecho élite durante todo ese tiempo. Y, finalmente, hubo una serie de personalidades que supieron buscar el equilibrio, un pueblo generoso que supo priorizar: haciendo todo paso a paso, sin que pareciera que el franquismo hacía concesiones ante la Democracia, pero a la vez intentando contentar a los que tenían sed de justicia (incluso, porque no decirlo, de venganza, es un sentimiento tan humano como cualquier otro). No fue algo fácil, pero el resultado fue una ejemplar y pacífica transición.
Han pasado más de 30 años y estamos en la misma tesitura. Las frases que inician esta entrada vuelven a repetirse para hablar del fin de un movimiento terrorista precisamente iniciado en los últimos años de aquella dictadura. Hay voces que exigen que se haga justicia (con toda la legitimidad del mundo), que los terroristas pidan perdón, que reconozcan el profundo dolor que han causado a las víctimas. Parece que son peticiones lógicas, humanas y totalmente coherentes. También lo fueron las de aquellas víctimas del franquismo que querían que los asesinos de sus padres fueran a la cárcel, que los sicarios del régimen de Franco pidieran perdón por el dolor causado. El espíritu de la transición no permitió nada de eso, y se prefirió que para avanzar hacia la Democracia, había que mirar hacia otro lado. Aquella decisión de nuestros padres hoy es puesta en duda por muchos de nosotros. Quizás sea muy fácil opinar desde la perspectiva actual. Para conseguir consolidar aquella débil Democracia había que ir restándole poder al franquismo paulatinamente, sin que pareciera que nada estaba cambiando. Probablemente hubo miedo a que castigando a los hijos del régimen, la Democracia nunca llegara. Había tantas ganas de Democracia que se optó por el perdón.
¿Y ahora? ¿Hay tantas ganas de Paz como para optar por el perdón? Quizás sea un poco pronto para hablar de ello, aún no se ha producido un gesto conduntende por parte de ETA.
Todo esto me produce sentimientos contradictorios. Entiendo a las víctimas y su desconfianza. Todos los españoles tenemos dudas de que esta sea la definitiva. Puedo incluso entender, no sin cierta repulsión, a los aberztales que ven como lo que para ellos era una verdad mantenida durante décadas se desmorona. Es dificil reconocer que uno ha estado equivocándose durante tanto tiempo. Ojalá fuera así. Resulta irónico pretender que alguien reconozca de un día para otro ser un asesino, cuando cuarenta años, depués hay quien todavía tiene reparos en hablar del franquismo como una dictadura, y es incapaz de condenarlo. Aún nadie ha pedido perdón por el dolor causado por el franquismo. ¿Serán capaces los terroristas de pedir perdón?
Quizás la lección que debamos extraer de nuestros ancestros sea la del equilibrio. Nos enfrentamos a una “Segunda Trasición”. La del estado de guerra a la paz. Y en esta delicada situación cualquier movimiento en falso puede ser peligroso. No vale una rendición sin condiciones por parte del Estado, tampoco vale ser intransigentes. Firmeza y cautela, ampliud de miras y equilibrio.
En fin, parafraseando al presidente del Gobierno:
“Merecería la pena la generosidad si así lográsemos la paz”.
¿He dicho presidente? Perdón, quería decir expresidente, fue José María Aznar quién dijo esto en mayo de 1998.
Su secretario de Estado de Seguridad también dijo por entonces: “”La palabra rendición total es profundamente ajena a lo que puede suponer la posición del Gobierno en torno a ETA”, “El proceso y el procedimiento serán largos. No podrá haber nunca ni vencedores ni vencidos”.
Como dijo aquel: “No hay nada nuevo bajo el sol”.
Los españoles debemos afrontar el reto de construir la arquitectura de interiores más compleja, la infraestructura más ambiciosa de nuestra Historia, un inmenso edificio de la Paz que el genial Picasso imaginó en forma de paloma.
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