Aroche, pasión por el Patrimonio

Cuando un municipio apuesta por el Patrimonio, ocurren cosas maravillosas. Aroche, en la provincia de Huelva es, sin duda, ejemplo de ello; un modelo de buenas prácticas en Gestión Cultural. El pasado sábado tuve la oportunidad de conocer este pequeño pueblo de la sierra de Huelva invitado por su Ayuntamiento. En este post os resumo mis impresiones.

Con poco más de 3.000 habitantes, este municipio a tan solo 40 kilómetros de Aracena y a unos 30  de la frontera con Portugal ofrece muchísmo que ver y que hacer. Desde el propio Ayuntamiento nos aseguraron que si otros municipios ha optado por un modelo turístico basado en el Patrimonio Natural, desde Aroche se ha apostado por la Cultura y el Patrimonio.

Cuando se llega al pueblo, lo primero que se ve es el castillo, que fue construido por los musulmanes durante el periodo Almohade y que en sucesivas épocas jugó un papel defensivo esencial debido a la cercanía de la frontera con Portugal. Lo más llamativo del castillo es que su antiguo patio de armas es hoy una Plaza de Toros, como consecuencia de una intervención arquitectónica a principios del XIX.  El Coso todavía se sigue utilizando tanto para espectáculos taurinos como para otras actividades culturales, como son recreaciones de luchas de gladiadores.

Además del castillo, el municipio cuenta con una importante arquitectura defensiva, como consecuencia de su situación de frontera. El complejo de murallas se ha conservado sorprendentemente en el interior del caserío. El Ayuntamiento se ha empeñado en los últimos años en recuperarlo y, de manera reciente, se ha puesto en valor la principal torre del complejo defensivo, la Torre de San Ginés, que hasta el momento se encontraba en un punto de difícil acceso entre corrales de las casas anejas.

La iglesia de la Asunción, construida en el reinado de los Reyes Católicos, es el epicentro de la religiosidad popular de la localidad, que en Semana Santa regala imágenes únicas.

Aroche cuenta además con un museo municipal que ocupa el antiguo edificio del monasterio de la Orden Jerónima. El museo, además de funcionar como oficina de turismo, alberga importantes restos arquelógicos romanos, entre los que destaca el “Tesorillo”, un lote de monedas romanas halladas en el cercano yacimiento de Arucci-Turóbriga.

Al carácter arqueológico del museo, se une una parte etnográfica en la que llama la atención el Museo del Rosario, una inmensa colección privada cedida al municipio y que cuenta con ejemplares de rosario de todos los materiales y procedencias imaginables. Junto a los rosarios, se exponen las cartas de las personalidades que han cedido estos objetos al museo, entre ellos reyes y reinas, papas y presidentes de distintas partes del mundo.

El broche de oro a una visita cultural a Aroche es visitar el yacimiento arqueológico de Arucci-Turóbriga, una ciudad romana que conserva de manera excepcional el Foro, el principal espacio público del urbanismo clásico. Sirve de entrada al complejo la Ermita de San Mamés, una construcción cristiana que se alza sobre los cimientos de la antigua Basílica romana, edificio judicial en esta cultura. Sorprenden las pinturas murales medievales del interior del edificio.

Pero si hay algo que hace excepcional la gestión del Patrimonio en este municipio es que, a la política de conservación, restauración y excavaciones, tanto en el núcleo del municipio como en la ciudad romana de Arucci, se une una extensa programación de actividades culturales destinadas a sensibilizar a la población local de su identidad patrimonial y de hacer de la Cultura su principal atractivo para el turismo.

Entre estas actividades culturales hay que destacar el Festival de Diana, que se celebra a finales de julio y que incluye representaciones de teatro clásico, visitas teatralizadas y recreaciones de luchas de gladiadores. Otro de los puntos fuertes de la programación cultural de Aroche es la Noche de las Velas, a mediados de Agosto, cuando la fortaleza adquiere un aspecto mágico durante las noches de verano.

En definitiva, Aroche es un ejemplo de cómo un pequeño municipio puede apostar por su Patrimonio y su Historia para convertirse en un paradigma de las buenas prácticas en Gestión Cultural, implicando a su población en los procesos de creación de su propia identidad cultural y fomentando un turismo de calidad basado en el rigor.

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