Felipe “el Hermoso”, el rey de un verano

Felipe el Hermoso es probablemente uno de los monarcas hispánicos con más mala prensa.  Famoso por el mal trato que dio a su esposa, Juana “la Loca”, como rey de Castilla no tuvo mucho tiempo para cometer  tropelías. Sólo gobernó el periodo comprendido entre el 12 de julio de 1506 y el 25 de septiembre del mismo año, fecha de su misteriosa muerte. Fue, por ello, el rey de un verano.

Felipe ha sido el único rey “iure uxoris” de la Edad Moderna en España. Esta palabreja quiere decir que no heredó los derechos sucesorios de su padre o madre, si no que se convirtió en rey de Castilla por los derechos de su esposa, Juana “la Loca”. Así, las Cortes de Valladolid de 1506 lo ratificaron junto a su esposa Juana como rey Felipe I de Castilla. Habían pasado casi dos años de la muerte de Isabel la Católica, que murió el 26 de noviembre de 1504.

En esos dos años Fernando el Católico y el Cardenal Cisneros habían ejercido una difícil regencia a la espera de que Juana y Felipe viajaran a España a reclamar el trono. La pareja vivía en Flandes, en la actual Bélgica y parece que Felipe retrasó el viaje intencionadamente para preparar una estrategia política que le asegurara anular el poder legítimo de su esposa para hacerse él con el control de la Corona.

Un año y dos meses después de la muerte de la reina católica, el 8 de enero de 1506, Felipe y Juana salen de Flandes, a donde no regresarán más, dejando en aquel país a sus hijos, entre los que estará el futuro Carlos I. A finales de abril, tras un complicado viaje, deasembarcan en la Coruña, pero no será hasta el 12 de julio cuando las Cortes, reunidas en la ciudad de Valladolid, los juren como reyes.

Felipe consigue atraerse a la nobleza castellana que le entregan todo el poder en detrimento del de su esposa proclamándolo Felipe I. La felicidad del flamenco dura apenas un verano porque fallecerá súbitamente el 25 de septiembre de 1506. la muerte, que se produce en la Casa del Cordón de la ciudad de Burgos, tiene lugar en misteriosas circunstancias y ocurre apenas tres meses después de que éste acceda al trono.

Tras su muerte, se inicia uno de los episodios más graves de la supuesta locura de Juana, que deambuló por las ciudades de Castilla al frente de un tétrico séquito fúnebre. Para entonces la reina Juana estaba embarazada de su última hija, Catalina, hija póstuma del Hermoso.

Ante el estado de enajenación de Juana, el Cardenal Cisneros asume la Regencia y Juana se retira a Tordesillas en 1507. Su cautiverio va a ser perpetuado por su propio hijo Carlos I una vez asume la corona. Juana va a permanecer encerrada desde los 27 años hasta los 76.

Fernando morirá en 1516 convirtiéndose Juana en la reina nominal de Aragón. Sin embargo, Fernando indica en su testamento que ante la incapacidad de su hija sea su nieto Carlos el que gobierne. La tumba de Felipe y Juana se conserva actualmente en la Capilla Real de Granada. 

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