Loco de atar

Luis II de Baviera, el loco arquitecto
En un blog sobre Arquitectura (¿de verdad alguien se sigue creyendo eso de que escribo sobre arquitectura?), no podía dejar de hablar de los locos… Y es que, ¿qué sería de la arquitectura sin la locura? Los grandes monumentos de la Historia fueron construidos por seres megalómanos y egocéntricos que no andaban muy bien de la azotea. Siempre me atrajo mucho la figura de uno de los tantos locos-cuerdos que la Historia nos ha regalado. Me refiero a Luis II de Baviera, el primo de la famosa Sissi, que gobernó aquella tierra a finales del siglo XIX. Fue uno de estos monarcas excéntricos y solitarios que dejó de lado sus obligaciones de gobierno para dedicarse a su verdadera pasión: la arquitectura. A lo largo de su vida emprendió la construcción de tres majestuosos castillos de cuento de hadas:
Castillo de Neuschwastein

Linderhof, Herrenchiemsee y Neuschwanstein. Hace algunos años tuve la oportunidad de visitar el último de ellos, en el que se inspiró el famoso castillo de Disney. En el corazón de un bosque verde se alzaba impresionante reflejando toda la locura, bendita locura, de la persona que lo ideó. Luis II acabó muy mal. Se suicidó junto a su médico y amante tirándose a un lago. Y es que si lo del amor a la arquitectura siempre supo canalizarlo por el buen camino, su amor por otros hombres le causó muchos problemas a lo largo de su vida.
No nos engañemos. La locura siempre, o casi siempre, está causada por el amor. Todos conocemos el famoso ejemplo de Juana la Loca. La hija de Isabel y Fernando tuvo la desgracia de enamorarse hasta las trancas de un mujeriego empedernido, Felipe el Hermoso. Sus continuas infidelidades provocaron en ella ataques de celos, que la Corte y sus súbditos interpretaron como brotes de locura. ¿Quién no ha tenido alguna vez un arrebato celoso? Esta oportunidad fue aprovechada por su marido y por su padre para declararla incapaz de gobernar. La reina propietaria de Castilla fue encerrada en el castillo de Tordesillas donde permaneció desde los 27 a los 76 años. Una mujer traicionada por el poder, por los tres hombres de su vida: su padre, su marido y más tarde su hijo, Carlos I.
Locura y amor siempre han sido sinónimos. Pasión por lo que haces. O Decepción… Traiciones que no llegarás a comprender. Aunque no sabes si realmente te importan… Actos completamente absurdos y carentes de toda lógica. Enamorarte de quién no debes. No saber si amas realmente o a quién.
En fin ¿Quién no está un poco loco?
Juana I de Castilla, llamada La Loca
 
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3 comentarios en “Loco de atar

  1. Pingback: Un flechazo imperial | AdrianYanez.es

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