Sevilla y Barcelona, historias paralelas

Sevilla y Barcelona son dos ciudades más similares de lo que a simple vista parecen. Estas similitudes se hicieron quizás más evidentes a principios del siglo XX cuando ambas capitales, con sus abismales diferencias, estuvieron muy cerca de cruzar sus líneas paralelas.

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Banco de la Provincia de Barcelona en la Plaza de España, obra de Aníbal González, el Gaudí sevillano. Fuente: Antonio Gil https://www.flickr.com/photos/tetegil/5102194785/

Si Barcelona fue transformada completamente por el genio creador de Antoni Gaudí, la arquitectura hispalense vivió a principios de siglo una revolución arquitectónica liderada por el Gaudí sevillano, el arquitecto Aníbal González. El creador de edificios tan emblemáticos como la Plaza de España o los pabellones de la Plaza de América, diseminó por toda la ciudad sencillos edificios de viviendas en las que marcaba el devenir de la arquitectura de la ciudad en los próximos 100 años. Si en Cataluña triunfaba el modernismo, Aníbal González había inventado la respuesta sevillana a ese movimiento: el regionalismo.

El año 1929 fue importante para las dos capitales. Ambas celebraron en este año un evento de gran envergadura. En el caso de Barcelona la Exposición Internacional que tuvo su sede en Montjuic. En el de Sevilla la Exposición Iberoamericana que se celebró en el entorno del Parque de María Luisa.

Barcelona era por entonces la capital cultural de España y un referente en lo que a la arquitectura y el urbanismo se refiere. A finales del siglo XIX la ciudad había comenzado su transformación abandonando el Barrio Gótico, de calles estrechas y tortuosas, para trasladarse al nuevo barrio del Ensanche, con avenidas anchas y rectilíneas.

Muchas ciudades quisieron imitar la apuesta urbanística barcelonesa y abandonar el antiguo centro histórico. Sevilla fue una de esas ciudades. Las autoridades eran conscientes de que el trazado islámico de la ciudad no era cómodo para los nuevos medios de transporte como el tranvía o el automóvil. Por eso muchos arquitectos propusieron abandonar la incómoda ciudad vieja para hacer un Ensanche a la barcelonesa.

La ciudad nueva debía contar con todo lo que tenían los sevillanos en la ciudad vieja. ¿Había una plaza de toros en la vieja Sevilla? La nueva Sevilla tendría su plaza de toros. Se llamaría La Monumental y la construyó el arquitecto José Espiau en lo que hoy es la avenida de Eduardo Dato.

¿La ciudad vieja tenía una Catedral? La nueva Sevilla tendría otra. Los barceloneses lo habían hecho. Además de la vieja catedral del Barrio Gótico el arquitecto Antoni Gaudí estaba haciendo la Sagrada Familia. Y, por supuesto, el encargado de hacer la “Sagrada Familia sevillana” sería Aníbal González. Sobre la Basílica de la Milagrosa ya hemos hablado en este blog. Iba a ser un espectacular templo del que solo conservamos sus cimientos en la Avenida de la Buhaira. Pero la muerte de Aníbal y el crack del 29 impidieron su terminación.

En definitiva, la historia de las dos ciudades son dos líneas paralelas con multitud de coincidencias que muchos de sus habitantes desconocen. Solo espero que la lectura de este post nos ayude a mirarnos con la simpatía que solo pueden sentir dos ciudades hermanas.

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