Un ladrón en la Catedral de Sevilla

La “montaña hueca”, que es como muchos llaman a la tercera Catedral más grande del mundo, encierra historias fascinantes. Una de las más curiosas la protagoniza el cuadro de Murillo “La visión de San Antonio”. Un robo con final feliz que contamos en estas líneas.

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“La visión de San Antonio”. Bartolomé Esteban Murillo (1656). Catedral de Sevilla. Fuente: Wikimedia Commons


“La visión de San Antonio” de Murillo es un lienzo de enormes dimensiones (casi 6 metros de alto por 4 de ancho) que preside la Capilla Bautismal de la Catedral de Sevilla. El cuadro representa a San Antonio de Lisboa de rodillas ante una aparición del niño Jesús rodeado de ángeles y querubines. La escena trascurre en una habitación oscura y al fondo podemos adivinar un patio inspirado en los del vecino palacio arzobispal.

Murillo, conocido como “el pintor de los niños” porque nadie mejor que él representó a la infancia en la pintura barroca, fue el padre de nueve hijos. El niño Jesús y los ángeles de esta composición muestran su conocimiento del mundo infantil.

La pintura podría ser conocida solo por su calidad y belleza, pero la noche del 4 de noviembre de 1874 un ladrón la hizo tristemente célebre. Aprovechando las escasas medidas de seguridad que por entonces había en la Catedral entró en el templo y, al parecerle demasiado grande el lienzo completo, rajó con un cuchillo la figura del santo. La ciudad quedó completamente conmocionada al descubrir al día siguiente un Murillo mutilado.

Pero la historia tiene un final feliz. Un par de meses después, el 2 de enero de 1875, el anticuario William Schaus, de Nueva York, recibe a un caballero que le ofrece una pintura que le resulta muy familiar. Mr Schaus, que es un gran estudioso de la pintura española, reconoce que la pintura que le ofrecen pertenece a la Catedral de Sevilla. El anticuario pagó 50 dólares americanos y entregó la parte del cuadro mutilado al cónsul de España en Nueva York.

San Antonio llega a Sevilla en febrero del mismo año, solo cuatro meses después del robo. Un grupo de restauradores reintegra al santo en el cuadro mutilado. Los visitantes de la Catedral de Sevilla todavía hoy pueden ver las marcas de las costuras que un día atravesaron el cuchillo de un ladrón.

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