Esta semana Sevilla celebra la fiesta de su santo patrón. Fernando III de Castilla fue un sevillano de adopción. Conquistó la ciudad cuando había superado la cuarentena y se enamoró tanto de ella que ya no la quiso abandonar más. Lo de ser santo le vino casi 400 años después de su muerte. Su canonización fue el fruto de una compleja operación política de la Iglesia Católica y la Monarquía española.
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